La cocina como fuente de inspiración II

Así como el cuarto donde duerme mamá es el llegadero de todos los hijos cuando andamos de visita (a quien no le gusta dar una “reposadita” en su cama), la cocina es el lugar donde no sólo se cuecen alimentos, sino también historias, cuentos y anecdotas.
Uno de mis recuerdos más persistentes de la niñez es estar sentado en la cocina de mi abuela paterna, escuchando historias de aparecidos y fantasmas de boca de mis tías, cada una más espantosa que la otra, condimentadas con algún guarapo y uno que otro ruido que exalta el momento..
Lo que durante mucho tiempo he creido (tal vez con algo de ego) patrimonio exclusivo del latinoamericano, se ha venido un poco por tierra al ver estos extraordinarios trabajos del londinense Brian Mckenzie.
Y no dejo de preguntarme: cuales serían las historias que él en la cocina escucharía?

ps: sería interesante compartir las historias que nos han contado en la cocina. Quién sabe lo que podría surgir?

Fin de mundo…

… que tiempos aquellos en donde bastaba una mostradita de la correa para que uno se comiera enterita la comida!!!

Una muestra de la nueva técnica de seducción alimentaria infantil.

Ojo x Ojo

Esta vez el del viaje fuí yo.

Maleta, novia y hambre incluida se marcharon conmigo a una vueltecita por mi larense tierra natal: Barquisimeto (por ello el silencio de estos días).

Pretendía hacer un strike back culinario, parafraseando el premiado disco de Lavoe. Pero una abuelita de 95 que demanda todo el cariño de mi madre, la protesis by Nokia que mi padre y hermano llevan perennemente en la oreja y unas calles que cada dia hacen que Barquisimeto se parezca más a Kosovo, impidieron cualquier asalto, en hora adecuada, a la cocina o nevera de alguno de ellos.

Mi hambre hubiese quedado terriblemente arropada por el fantasma de la comida no casera de no haber sido por el último día… Y no fué en una mesa donde precisamente me senté.

Ya en la despedida recibí, de boca de mi madre, una pequeña anecdota de mi yaya Mamamaría: de no haber sido por ella, yendo muy temprano a nuestra primera casa a enseñarme como hacer algunas cosas, no habría aprendido como cocinarle a tu papá…  Suficiente alimento para todo lo que fué el viaje.

Por Mamamaría soy lo que soy ahora, literalmente…

Quiero aca transcribir un recuerdo, una conjunción de sabores que me dejó tan marcado que siento justo y necesario romper con la negativa de colocar directamente recetas en este blog. La compartió ella conmigo hace muchos años con toda su dulzura y amor. Por qué entonces he de guardarmela para mi sólo?

TORTA DE PLATANO Y QUESO

Se cortan y frién las tajadas de platano, no muy maduro, para que queden firmes. En un molde para horno se colocan, alternadamente, capas de tajadas, queso de año rayado y leche condensada, coronando con una capa de queso de año o amarillo. Llevar a horno por 15 minutos o hasta que gratine. Servir en porciones tan grande como la sonrisa que se dibujó en mí al probarla la primera vez.

Scrabble

Para quien no conoce el juego que lleva este nombre una rápida explicación: consiste en un tablero en donde se van colocando fichas que contienen individualmente letras para ir formando palabras. La gracia está en que tienes que usar letras que ya esten en el tablero en la palabra que quieras formar. Algo similar a los crucigramas, pues.

Hoy en plena clase de cocina, mostrando a los estudiantes como desvenar un camarón, no pude evitar recordar, y comentar, la agilidad de mi antigua compañera de estudios (y de risas y largas conversas) Marisabel, prestidigitadora del destripado del susodicho.

Ya en el “privado” de mi mente y la calle sonreí de las bromas que soliamos gastarnos por su “inmensidad corporal” y “mi pequeñez de alma” (en la escuela me trataban de rata pa´bajo). Esto me llevó a pronunciar “Mafalda”, nombre que aun no entiendo porque asocio con las personas corpulentas, tan asiduas a los sancochos y condumios similares. Caminé unos pasos y me encontré en la librería más cercana escudriñando que encontraba del bueno de Quino y sorpresa!!

Si bien es algo viejo (1980) no le conocía: “A la buena Mesa“. De allí la ilustración….

                                        Quino

Y fué cuando apareció la Negra Taymí… una ya perdida, de la vista más no así del corazón, amiga cubana que un buen día me sorprendió con su tristemente graciosa historía del lechoncito que mantenían oculto en casa (si los pillaba la policia o algún vecino de los CDR, adiós-adiós) para poder criarlo y comérselo en Navidad y que resultó siendo tan querido que no pudieron hacerlo.

En este scrabble de mi mañana, tan signado por la cocina, alguién me podría explicar como llegué de Mérida, previa escala en Barquisimeto, a la Habana?

Curiosidad

Este es un post para saldar una deuda que siento he contraido con la curiosidad (hermosa planta que todo cocinero debe cultivar) de muchos de los amigos que se han acercado a colaborar con este blog.

Hay un par de preguntas, una a bocajarro otra más bien un poco parabólica, que se hacen presentes cuando converso virtualmente con algunos de estos amigos o leo sus email. Voy a tratar de responderlas, si bien tengo conciencia de que esto puede espantar a mas de uno.

La primera y más común, aunque con miles de variantes en su formulación, es ¿dónde cocinas tú?. La respuesta, sencillita, en casita, única y exclusivamente. Cuando digo casita no me refiero al nombre exótico de algun restaurant ni nada por el estilo. Es literalmente mi casa, o aquel hogar de algún familiar, novia o amigo que en ese momento me adopte.

Y esto lo hago por convicción. En la escuela de cocina y de boca de muchos compañeros y colegas siempre he escuchado que se debe cocinar con el corazón, con el alma, darlo todo en el plato. Esto para mí terminó convenciéndome que la cosa es como hacer el amor.

Saquen esta cuenta: teatrero, maniático, con un carrusel full chola en el cerebro… Nonononono y mil veces no!! No puedo cocinar en un restaurant!! Sería como participar en una orgía de proporciones bestiales en la que no le veo el rostro al me estoy lanzando (o viceversa) y de paso tengo un proxeneta-mesonero que me busca cliente y recibe los pagos por mi servicio. Ni pensarlo. Soy más “tradicional”, face to face para no alargarme más.

La otra pregunta es más directa, aunque no así su interpretación: ¿y cómo eres tu?. Para responder a ésta curiosidad voy a tomar el rumbo contrario a la pregunta, es decir, no seré directo sino que tendrán que dar un rodeo entrando por esta puerta (chancha-chachan!!!).

Ahhh! y casí se me olvidaba. Por la boquita también se conoce a la gentecita… así que pueden darse un paseillo por Duelos y Quebrantos del dual y muy apreciado amigo Biscuter y leeran algo sobre mis preferencias culinarias.

Eso es todo. Gracias, la Gerencia.

Ps: cualquier cocinero, proxeneta, prostituta (y prostituto), animal, cosa, similares y conexos al noble oficio de de la singanzón que se sienta molesto por lo aquí expresado, hága como que no lo leyó. Así seremos felices los dos.

Cocinando para la Familia

Pongase cómodo, esto va a ser largo…

Primero, algo para contextualizar: Santiago de los Caballeros de Mérida, penúltima semana de temporada, record de tránsito en el terminal de pasajeros (más de 200 mil almas ya han pasado por él).

Como Mahoma tiene tiempo que no va a la montaña, pues ésta decidió darse un paseito, claro está, con el respectivo cargamento de maletas, almohadas, cobijas, sueteres, juguetes y demás sobrinos, corotos y periquetes. Por supuesto, no dejaron en casita el mar de preguntas: y como está mi niño? y cuando te casas por fín? y por qué vives en este monte tan lejos?, aderezado todo con llantos y risas y las respectivas reprimendas de que estoy muy flaco porque seguro que paso hambre. Extraño comentario tomando en cuenta mi oficio.

Y como el oficio causa expectativas, pues no los puedo despedir sin cocinarles. La verdad es que si podría, pero quien se vacila luego la cosa en la visita de fin de año… Aca es donde realmente comenzó el suplicio: horas de angustiosa indecisión sobre el menú ante la variedad de (particulares) paladares; la ida al mercado con los respectivos cambios de última hora por la escaces de algunos ingredientes (aun no sale de mi cabeza el sonsonete de ese barbarazo acabo con toooo!!!); las tres recalentadas del plato antes las respectivas llamadas de “ya vamos llegando…”, “… estamos cerquita…”, “…es que la chiquita no come de eso y nos paramos a comprarle unas empanadas…”

Y por fin el atragantón. Nadie habla, y poco a poco el trabajo de practicamente dos días se consume en 10 minutos. Al igual que un restaurant, al terminar no hay palmaditas en la espalda ni cualquier otra expresión que se le acerque. Sólo me queda esbozar una sonrisa, pequeña pero sincera, al observar todos los platos vacios…

NOTA: este post es un mero divertimento a modo de excusa para aclarar esta ausencia de varios días. Cualquier parecido con la realidad es intencionada coincidencia.

Mercado de Imágenes

Algunas cosillas que coloqué en el saco del mercado… (hacer clik sobre la imagen)

                                   Mercado de Imágenes (aguacates)

Ofrezco disculpas…

Tal vez esto tenga cara de desliz, pero realmente es alimento para los oidos y el alma (obviando la parafernalia, por favor).

Del Cocinar como Exorcismo.

Ayer por la tarde, en uno de esos raros ratos de ocio (y no lo digo porque trabaje mucho) comencé a ver un capitulo de una serie que titulan The Collecter.

No voy a explicar aca de que va la cosa porque no viene al caso. Hago referencia por el tema de la trama de ese día. Era sobre un cura que exorcisaba y bla bla bla…

Tal vez eran las pésimas actuaciones o la sobredosis de carne de almuerzo (aunque no lo crean gusto del deporte extremo de vez en cuando) lo que hizo que el carrusel mental se encendiera y prestara una concentrada atención a los diálogos y acciones sobre el acto de exorcismo. En resumidas cuentas, la cosa se reduce a algo así:

  1. Sacar a fuerza de preguntas el nombre del demonio. Imagino que es para que el poseso caiga en cuenta que no es su persona la que actua dando tamaño espectáculo de torcederas de nuca y emanaciones verduzcas.
  2. Inquirir al bicho, ya plenamente identificado por nombre y apellido, a que abandone el cuerpo donde montó la pachanga para que así resurja la esencia del pobrecito mortal.

Acciones más, acciones menos, eso es lo que entendí. Tengo que agregar un par de reflexiones dichas por el cura protagonista y que son las que me terminarón de impulsar a escribir esto: todo sacerdote siente un profundo desasosiego, como una gran desesperanza ante el poder del maligno… y la otra en el fondo la decisión final la tiene la persona de no permitir continuar poseido, por ello hay que convencerlo de sus opciones… 

Por fín el momento de la reflexión…. Esto es igualito a cocinar!!!

Me explico: uno trata de entender la esencia de cada ingrediente, le preguntamos, a nuestra manera de cocineros,  sobre que quiere darnos, lo revizamos, olemos, manoseamos, le damos de cucharazos (de madera, como la santa cruz), y él se batuquea entre el fuego, lanza chispas, a veces emanaciones que nos sacan las lágrimas o queman las pestañas (literalmente), se resiste, lucha y allí es cuando nos frustramos y sentimos el desasosiego, la desesperanza ante el plato que no sale y no nos damos cuenta que en muchas oportunidades el ingrediente no quiere dar simplemente porque no lo escuchamos, o peor, lo forzamos a hablar a punta de técnicas de moda (sin pasar por el Go del clásico) y no entendemos que nosotros, los cocineros, somos un simple instrumento para que la naturaleza divina de los alimentos se manifieste…

Puede que esta comparación me valga la excomunión de alguna iglesia. No importa, hace rato que me autoexilié de todas. Pero el expresar estas reflexiones sobre el oficio, aunque tengan tono de broma (muy seria, eso sí), es una necesidad imperiosa.

La cocina tiene sus riesgos y hay que correrlos… no correrles.

Aniversario glotón

Meses más, meses menos casi llegamos a los 5 años de noviazgo. Y no conseguimos mejor manera para celebrarlo que una jornada culinaria (por favor, sin doble sentido).

Arrancamos con un almuerzo hecho a dos mano, aderezado con una rica sobremesa de recuerdos a sabores infantiles y recetas familiares (sacadas a cucharadas de la boca de la tía que nos acompañó en esta comida caserita). Una de ellas fué materializada rato más tarde: Galletitas de la Abuela.

Más tarde decidimos robarle parte de las ganancias al panadero: hicimos Canillas, algo envenenadas de sabor con toques extra de mantequilla, y que esperaron un buen rato para poder ser disfrutadas.

Y como a la golosidad no le alcanzó con las galletitas, pues desenfundamos la sorbetera y a hacer helado!!!

Es hermoso como la cocina se vuelve una fiesta, un viaje donde vas de las cosas más sencillas y ricas hechas a la manera de casa hasta la aplicación de técnicas culinarias aprendidas en la formalidad de una escuela.

Lo que si es una lástima es que no se han desarrollado maneras de compartir los olores y sabores a través de este medio (aun). Si pudiera lo haría, no con el mismo Amor que hoy celebro, pero sin con mucho cariño.

Y ya que esto es así, pues les dejo al menos una “probadita” de la música que escuchamos. Realmente funciona muy bien para cocinar, sobretodo durante la mise en placé. Será por lo Knife de Mackie…?

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